miércoles, 1 de abril de 2009

Destreza


Creo que en lo complejo a veces sólo basta la habilidad y el arte de hacer las cosas.

Realmente no todo es como nos parece.


Fotografía: She said. -Una mañana en el norte Argentino-



miércoles, 11 de marzo de 2009

Arcos en la lluvia


Gotas de lluvia, como cristales, como pequeñas fracciones de vidrio…

Así somos? Sujetos capaces de refractar, reflejar y descomponer energía? Como prismas? Espectros?

No se si seremos espectros, pero sí estoy segura que espectros somos. O al menos por momentos...

Arcos en la lluvia, de vez en cuando aparecen en el techo de mi terraza.


Fotografía: She said.

domingo, 4 de enero de 2009

De que color?


Una de sus preguntas favoritas, mientras señala diversos objetos y aguarda impaciente la respuesta.
Buscamos un mundo de colores, vivos y brillantes. Buscamos orden entre la mezcolanza, buscamos un modelo en la imperfección, buscamos entender algo que ignoramos.
- No queremos pintar con negro! No hay lugar aquí para los grises! Queremos colores! Colores que brillen tan fuerte como su alma!
Enchastrados con pinturas jugamos a ser artistas, aquellos que expresan sus sentimientos más intensos y a la vez, quizás, desconocidos; que se dificultan para estructurar en palabras. Así es mas sencillo y divertido, no?
El muñequito “antimufa” por excelencia, reía con su pincel en mano, orgulloso de ser el centro de atención. En su salsa, por gozar de lo no permitido, se olvidó del manto gris que sus ojos transmiten y miles de risas, sin buscarlas, aparecieron entre los colores.
Que tal si observamos un poco más lo que a simple vista no se ve? A lo mejor podemos comprender que trata de decirnos, lo que grita en silencio.

jueves, 18 de diciembre de 2008

La chica de papel batik *

Mi nombre es Virdomel, y por ahora la llamaré la chica de papel batik.
Recuerdo que aquella tarde, un 23 de septiembre, tres cuadras antes de llegar adonde la calle de las cuatro costas cambia de nombre para convertirse en un guijarro, fui sustraído por el animoso arbitraje oficiado por ella, la chica de papel batik, en cuanto a proponer orden y desorden a su pendiente indómito y su salvaje cabellera de palisandro; con la inequívoca intención de, a los pocos metros, comenzar otra vez.
Sembrando huellas de color, rasgueando baldosas con su vestido largo, dobló en la calleja del tablao.

- ¡Me estás persiguiendo! espetó la chica de papel batik.
- No, señorita; faltaba más.

En realidad, para no asustarla, falté a la verdad.

La callecita del tablao se caracteriza por no tener veredas, así, el adoquinado, que siempre parece recién baldeado, abarca todo el ancho. Sus casitas bajas lucen multicolor como si las yemas de la humedad se hubieran ocupado en mezclar tonalidades en el tiempo: Ora escogió pinturas de moradores de cualquier tiempo, ora el sedimento ladrilloso que su cómplice la lluvia arrojó desde tejas y desagües, ora la decoloración de enamoradas del muro, ora explosiones de moho entre inexpertos revoques, ora extensas ramas lagrimeando emociones de nostálgicas golondrinas.

- Sí, vos me estás persiguiendo –reiteró la chica de papel batik.

Yo iba a no menos de treinta, cuarenta metros respecto de ella; la calle solitaria permitía que la oyese con claridad y su voz llegara sin quiebres; sin embargo, la holgada soledumbre me erigía malentretenido y fisgón.
Y su vestido, ¡qué vestido!; es probable, aún no lo sé, que la conjunción del viento con la iluminación de ésa hora, vertiera en dirección a mí el increíble efecto que su vestido se fuera deshilachando, disipando, y al mismo tiempo reconstituyendo, rehaciendo. Fantástico vestido, arrebolado e inquieto, cartografiado por capilares bermellón rociado con brillantina de plata.

Al increparme, con su justa razón y sin rasgos de zozobra, el indómito aro se deslizó por entre las arrugas del vestido de esa mamushka de papel batik; me acerqué rápido para alcanzárselo; no rehusó ni se asustó; agradezco a Dios por ello; al abrir su mano dije: Mi nombre es Virdomel, ¿el tuyo?; creí escuchar algo así como She said.
Tras un complaciente gesto desapareció en el pasillo de una casa.
Acomodé mi almohadoncito frente a la puerta; de una ventana, oblonga y con plantitas en su alféizar, el visillo se movió casi de modo imperceptible; acepté el roce de miradas, no eran sólo de la chica de papel batik; simulé distracción con unos zorzales en puntas de pie, vi también sombreadas las puntas de las rejas en la parte superior de la ventana; de repente, ésta se abrió, sí, era la chica de papel batik, quien con determinaciòn expresó:
¡Aprende a ver luz, procura hacerla parte de vos; irrádiala, Virdomel, es recopado!
¡Caramba! –dije dentro de mí.
Oí que un caballero la llamó por su nombre; su verdadero nombre, el que figuraba en la mayólica del pasillo: “Shesaidbutshesays”.


* Este es uno de los capítulos de SAVIADURIA, escritos que cuentan las interesantes travesías de un mendigo, Virdomel, acompañado por su fiel almohadoncito. Su autor? Walter D. Tejada Campos. Un gran amigo y por sobretodo una gran persona. Espero lo disfruten...

sábado, 29 de noviembre de 2008

La Reina C

- Te dije que hoy no! Hoy no tengo ganas de hablar! Basta! Dejáme sola.

Es imposible estar sola si ella aparece y por lo general irrumpe en el peor momento.
Es algo impertinente, entrometida, inoportuna y hasta molesta. Quiere llamar mi atención.
Nunca se calla, nunca se cansa, duerme con un solo ojo y se mantiene atenta a lo que sucede.
Charlamos, no siempre tengo ánimos para escucharla, ella insiste hasta convencerme y tomamos café largas horas por las noches mientras la nicotina consume nuestros pulmones.
De un momento a otro el diálogo se esfuma y vira transformándose en un monólogo aburrido, donde sin poder mechar una frase, escucho y escucho lo que tiene para decir.
Qué quiere? Es una estrella poco modesta con tintes de soberbia, cree saber sobre infinidad de temas. Es la reina de las ciencias...
No estoy segura de sentir afecto por ella, estoy acostumbrada a su presencia y en ciertas oportunidades la necesito, pero cuando comenzamos a hablar automáticamente me arrepiento. Me marea, me atormenta mentalmente, me desalienta y en muchas ocaciones no deja que actúe con naturalidad. Me condiciona. Me quita espontaneidad.
No es dañina, procede con buena intención. Advertirá lo que en mi provoca? le he dicho que no soy perfecta.
Que transición latosa! Faltan muchas más? Es ineluctable.
Estoy enojada, quizás mañana merme mi mal semblante y pueda considerarla como corresponde. No merece lo expresado, solo pretende ayudar.
Perdón, lo siento. No me agrada juzgar. Mejor me voy. Chau.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Mal Abar(se)

Era una tarde agradable, la primavera debutaba rodeada de colores, aromas y la calidez característica de la estación. Ninguna nube enturbiaba el celeste profundo del cielo donde el sol fulgente creía ejercer su papel protagónico en la escena que no condecía con nuestra situación.

- No veo a los ángeles (me dijo Oina). Vos decís que están por todos lados, pero yo no los veo y sabes qué? Estoy cansada de buscarlos…

Oina tenia razón, era estúpido convencerla de algo que ni yo creía.

-… Cuándo hallaremos paz? Debo esperar a estar enfrentada con ese bendito Dios que ni estoy segura de que exista? Por favor, esto es ridículo!

Estaba furiosa, pero la entendía porque compartía parte de su desconsuelo. No queríamos razonar más, no queríamos hacer más preguntas. Sólo ansiábamos relajarnos por un tiempo, deseábamos que prontamente eso que hacía los días pensados desaparezca.
Luego de pelearse consigo misma durante unos minutos, me miró y comenzó a reírse a las carcajadas.

- No te preocupes, como ya te dije esto terminará pronto.

Cuando Oina hablaba así me asustaba, de ella se podía esperar cualquier cosa y no cabía lugar para agregar otra preocupación.
Tomé su cuaderno e intenté escribir mientras observaba a un grupo de circenses practicar su rutina de malabares.
Si todo fuera tan sencillo como tirar pelotas al cielo teniendo la seguridad que cuando desciendan mis manos van a estar en el lugar indicado para atajarlas. Pero es lógico, debe ser cuestión de práctica ya que al principio suelen caerse, hasta que el cuerpo se acostumbra a las dimensiones, se relaja, cobra algo de soltura y todo fluye con más naturalidad, pudiendo así improvisar algún arreglo ante una caída inesperada sin que nadie lo note.
Correr riesgos también tiene su encanto, siempre y cuando podamos hacer lo que algunos logran, malabares.
Estaba algo cansada de escuchar a mi alrededor las mismas historias y como Oina estaba entretenida con un par de amigos que se habían acercado, me despedí y decidí ir a caminar.
La tarde era realmente hermosa y yo necesitaba apreciarlo, necesitaba un vuelco en mi vida, una sorpresa, algo que me saque de la rutina.
No sé si me sorprendió, pero al girar en esa esquina y encontrarme con ese querido amigo que me entiende como nadie, fue tranquilizador. Sus palabras, breves y concretas me contenían de una forma especial. Siempre sabía qué decir en el momento exacto, sin que yo insinuara palabra, intuía todo lo que traía conmigo. Eso me serenaba, con tan solo compartir un momento en silencio y al advertir mi reacción ante las distintas preguntas de la gente ya era suficiente.
Y ahí acudía a determinada frase, aquella que estaba buscando y me era imposible elaborar en la cabeza.
Él sí conoce sobre mal abarse, no sé si lo domina bien pero sabe de qué se trata y seguramente por eso nos comprendemos.
Llegué a casa, tome un baño y me acosté sin cenar. El techo se debe haber sentido ojeado, pero no fue mi intención. Mi propósito era dormir.
En la oscuridad apareció un payaso, creí haberme quedado dormida y estar soñando.
Desde niña, los payasos me causan tristeza, siempre sospeché que ocultaban sus verdaderos sentimientos y esa noche lo comprobé.
El payaso se sentó junto a mí en el borde de la cama y tomó mi mano al tiempo que sonreía. Intentó hacerme reír con uno de sus números favoritos. El show fue increíble, pero seguía dejándome ese dejo amargo.
Luego de terminar sus payasadas me miró directo a los ojos y me dijo:

- Ja! A quién trato de engañar? Solo a mi mismo haciéndote creer que soy gracioso. Malabares, malabarse, malabares, malabarse… dejemos de alabar esas palabras… Uh mirá! La mencioné otra vez!... y si, doy cátedra y en realidad estoy de tu mismo lado. Por eso te causo tristeza y estoy convencido, eres plenamente conciente que bajo este maquillaje guardo infinidad de sensaciones. Lo nuestro, aquello, no es más que un encomio. Te entiendo y por eso estoy aquí. A pesar de todo, mi trabajo es hacer reír a la gente, pero a ti te causo tristeza... Agradezco que veas a través del personaje, pero no te preocupes, porque con él, los payasos, nos protegemos de nosotros mismos.
Vamos, vamos! Arriba que me sacarán la matricula! Esto tiene que abarse!... Uhy!... Jo! Jo!, otra vez!... yo tampoco puedo despegarme esa palabra!

Reconozco que me sacó una sonrisa, era fabuloso como jugaba con aquella palabra y sus significados.
Comenzó otro de sus números pero me costaba seguirlo, su voz se desvanecía y luego su cuerpo, hasta desaparecer por completo.
Nuevamente quedé en la oscuridad de la habitación, quise incorporarme pero me fue imposible. No recuerdo cuando me dormí, seguramente antes que el payaso apareciera.
Malabares, mal abarse, abarse, alabar, alabarse,… se podrá lavar?
Por lo general, los buenos se encuentran a prueba de agua. Quizás se lavan, pero pasan desapercibidos.
Excelentes malabaristas?

viernes, 3 de octubre de 2008

Uno que inventemos



Uno que inventemos, que nos permita salir de la realidad, tan solo dando vuelta la hoja, penetrando en otras.
Con posibles inseguridades, con total seguridad. Con miedos, intrigas, asombros. Guiados por la curiosidad o simplemente sin motivo alguno… sin saber lo que está a punto de suceder. Dejándonos llevar hasta el nivel más elevado, más iluminado.
Pareciera que las puertas están sin llave y la sabiduría dispuesta a entregarnos su mágico mundo.
Uno que inventemos, o que nos invente. Que nos reinvente. Donde seamos de modo genuino lo que anhelamos ser. Donde nos dejen imaginar.