lunes, 26 de abril de 2010

Paravisiones

Vagando por el Quai des Célestins piso unas hojas secas y cuando levanto una y la miro bien la veo llena de polvo de oro viejo, con por debajo unas tierras profundas como perfume musgoso que se me pega en la mano. Por todo eso traigo las hojas secas a mi pieza y las sujeto en la pantalla de un lámpara. Viene Ossip, se queda dos horas y ni siquiera mira la lámpara. Al otro día aparece Etienne, todavía con la boina en la mano, Dis donc, c´est épatant, ça!, y levanta la lámpara, estudia las hojas, se entusiasma, Durero, las nervaduras, etcétera.
Una misma situación y dos versiones...Me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, en tanta cosa que habrá en el aire y que no ven estos ojos, pobres murciélagos de novelas y cines y flores disecadas. Por todos lados habrá lámparas, habrá hojas que no veré.
Y así, de feuille en aiguille, pienso en esos estados excepcionales en que por un instante se adivinan las hojas y las lámparas invisibles, se las siente en un aire que está fuera del espacio. Es muy simple, toda exaltación o depresión me empuja a un estado propicio a
lo llamaré paravisiones
es decir (lo malo es eso, decirlo)
una aptitud instantánea para salirme, para de pronto desde fuera aprehenderme, o de dentro pero en otro plano,
como si yo fuera alguien que me está mirando
(mejor todavía –porque en realidad no me veo-: como alguien que me esta viviendo).
No dura nada, dos pasos en la calle, el tiempo de respirar profundamente (a veces al despertarse dura un poco más, pero entonces es fabuloso)
y en ese instante sé lo que soy porque estoy exactamente sabiendo lo que no soy (eso que ignoraré luego astutamente). Pero no hay palabras para una materia entre palabra y visión pura, como un bloque de evidencia. Imposible objetivar, precisar esa defectividad que aprehendí en el instante y que era clara ausencia o claro error o clara insuficiencia, pero
sin saber de qué, qué.
Otra manera de tratar de decirlo: Cuando es eso, ya no estoy mirando hacia el mundo, de mí a lo otro, sino que por un segundo soy el mundo, el plano de fuera, lo demás mirándome. Me veo como pueden verme los otros. Es inapreciable: por eso dura apenas. Mido mi defectividad, advierto todo lo que por ausencia o defecto no nos vemos nunca. Veo lo que no soy. Por ejemplo (esto lo armo de vuelta, pero sale de ahí): hay enormes zonas a las que no he llegado nunca, y lo que no se ha conocido es lo que no se es. Ansiedad por echar a correr, entrar en una casa, en esa tienda, saltar a un tren, devorar todo Jouhandeau, saber alemán, conocer Aurangabad...Ejemplos localizados y lamentables pero que pueden dar una idea (¿una idea?).
Otra manera de querer decirlo: Lo defecticvo se siente más como una pobreza intuitiva que como una mera falta de experiencia. Realmente no me aflige gran cosa no haber leído todo Jouhandeau, a lo sumo la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, etc. La falta de experiencia es inevitable, si leo a Joyce estoy sacrificando automáticamente otro libro y viceversa, etc. La sensación de falta es más aguda en
Es un poco así: hay líneas de aire a los lados de tu cabeza, de tu mirada,
zonas de detención de tus ojos, tu olfato, tu gusto,
es decir que andás con tu límite por fuera
y más allá de ese límite no podés llegar cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, el resto enorme está mas allá de tu límite y así es como se hundió el Titanic. Heste Holiveira siempre con sus ejemplos.
Seamos serios. Ossip no vio las hojas secas en la lámpara simplemente porque su límite está más acá de lo que significaba esa lámpara. Etienne las vio perfectamente, pero en cambio su límite no le dejó ver que yo estaba amargo y sin saber qué hacer por lo de Pola. Ossip se dio inmediatamente cuenta, y me lo hizo notar. Así vamos todos.
Imagino al hombre como una ameba que tira seudópodos para alcanzar y envolver su alimento. Hay seudópodos largos y cortos, movimientos, rodeos. Un día eso se fija (lo que llaman la madurez, el hombre hecho y derecho). Por un lado alcanza lejos, por otro no ve una lámpara a dos pasos. Y ya no hay nada que hacer, como dicen los reos, una es favorito de esto o aquello. En esta forma el tipo va viviendo bastante convencido de que no se le escapa nada interesante, hasta que un instantáneo corrimiento a un costado le muestra por un segundo, sin por desgracia darle tiempo a saber qué,
le muestra su parcelado ser, sus seudópodos irregulares,
la sospecha de que más allá, donde ahora veo el aire
limpio,
o en esta indecisión, en la encrucijada de la opción,
yo mismo, en el resto de la realidad que ignoro
me estoy esperando inútilmente.

(Suite)
Individuos como Goethe no debieron abundar en experiencias de este tipo. Por aptitud o decisión ( el genio es elegirse genial y acertar) están con los seudópodos tendidos al máximo en todas direcciones. Abarcan con un diámetro uniforme, su límite es su piel proyectada espiritualmente a enorme distancia. No parece que necesiten desear lo que empieza (o continúa) más allá de su enorme esfera. Por eso son clásicos, che.
A la ameba uso nostro lo desconocido se le acerca por todas partes. Puedo saber mucho o vivir mucho en un sentido dado, pero entonces lo otro se arrima por el lado de mis carencias y me rasca la cabeza con su uña fría. Lo malo es que me rasca cuando no me pica, y a la hora de la comezón –cuando quisiera conocer-, todo lo que me rodea está tan plantado, tan ubicado, tan completo y macizo y etiquetado, que llego a creer que soñaba, que estoy bien así, que me defiendo bastante y que no debo dejarme llevar por la imaginación.

(Ultima suite)
Se ha elogiado en exceso la imaginación. La pobre no puede ir un centímetro más allá del límite de los seudópodos. Hacia acá, gran variedad y vivacidad. Pero en el otro espacio, donde sopla el viento cósmico que Rilke sentía pasar sobre su cabeza, Dame Imagination no corre. Ho detto.

Capitulo 84 - Rayuela. De Julio Cortazar.

miércoles, 17 de marzo de 2010


Desnudo soñando una noche solar.
He yacido días animales.
El viento y la lluvia me borraron
como a un fuego, como a un poema
escrito en un muro.


Foto: Joyce Tenneson
Poesia: Alejandra Pizarnik

miércoles, 18 de noviembre de 2009


Ella dijo.

martes, 20 de octubre de 2009

miércoles, 19 de agosto de 2009

Sr. Férvido Avatar:


El fervoroso avatar hace toc toc toc; toc toc toc... como pájaros acicalando mi cabeza.


Qué pasa? Qué sucede? Ya no tolera las pequeñas mutaciones, ahora pide algo más intenso, más radical.

No sé como lidiar con esto! Esperá un poco más, estoy pensando...mmmm.... Sí, en realidad sé como hacerlo pero sigo pensando, está mal?

TOC TOC TOC! ...Opa!, es cada vez más fuerte, contundente... aplastante... ya me rebota en la sien...


Wait! Así no puedo, si hacés que mi cabeza rebote no vas a conseguir ningún cambio... sé que no puedo pasarme la vida sólo pensando, pero no te irrites.

Si me presionás es peor, pero en el fondo necesito esa presión, me ayuda a acelerar los pasos y no quedarme quieta esperando un milagro.


Todo cambio depende de uno y creo que el momento está cerca, los “toc tocs” los estaré provocando yo?. Es parte de este proceso interno.

Pero me exaspero, porque en algunos puntos estoy limitada o creo estar limitada y eso me hace retroceder, el final del camino se aleja.

Ahora bien, confío que es posible llegar, en ese final se abren diversidad de opciones lo que hace que éste (el final) también sea un comienzo, un nuevo comienzo. Eso me apasiona. Eso hace que no deje de moverme.

Tropiezo con abundantes cosas que me desagradan... miradas sin expresión, gestos duros, posturas, ideas, imposiciones, movimientos, risas ironicas, falsedad, egoismo, ambición, hambre de poder, bla bla bla..., pero no es un pesar (por momentos); siento que me purifico y me aliviano, me despojo de cosas innecesarias para dar lugar a otras que me nutren y me llaman a investigar.

No siempre es fácil, me atrevería a decir que trastorna, pero cuando se ve un hilo de luz dentro de esa maraña el placer es descomunal. Algo sedimenta, algo queda marcado y ahí vuelo nuevamente a continuar la búsqueda con más confianza y reconfirmar que estoy haciendo lo correcto, que no es imposible como me hacen creer. Que no es una locura pasajera.

El cambio empieza por uno, no somos concientes de lo que podemos hacer. Hay que dejar de pensar que llueve cuando nos están meando...

TOC! TOC! TOC!... ahí volvió...

sábado, 11 de julio de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

El grito


de Oswaldo Guayasamin.
y de otros tantos...