sábado, 11 de julio de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

El grito


de Oswaldo Guayasamin.
y de otros tantos...

miércoles, 22 de abril de 2009

Taxi Turnos

Mi nombre es 3.773.519, o ese fue el que me asignaron. Mi verdadero nombre no lo recuerdo, lo perdí entre la gente de un barrio sin nombre. Todo se dio vuelta y perdí el conocimiento.
En este lugar somos números, yo soy el 3.773.519 y mi cuarto da a un jardín precioso lleno de flores; de cuando en cuando llegan visitantes de diferentes especies a los cuales fotografío y guardo dichas imágenes en una cajita de madera tallada a mano.
Pensar mi nombre me agota, tratar de recuperar recuerdos me cansa y desisto muy rápidamente. Dicen que no debo preocuparme, hay casos en que en un determinado momento algo en el interior muta y nos lleva a dejar de ser quienes éramos y estar donde estábamos.

Ahora soy un espectador, desde que todo se dio vuelta, el espectador número 3.773.519.
Conservo algunos recuerdos, como cuando era niña y jugaba con los niños de mi edad, interpretaba personajes de los cuales era conciente que simplemente eran personajes, nada real.
Hoy, desde este lugar compruebo algo similar.
Ya no me agrada como antes participar, prefiero observar. En todo caso participar de otro modo.
Transcurrían los días y cada vez entendía menos de que se trataba todo esto. Las horas pasaban exactamente igual que el día anterior, todo era similar aunque con algunos pequeños cambios, todo era mecánico, todo me sabía a “déjá vu”.
La noche en que la conocí llovía, había dejado abierta la ventana que da al jardín. Hacía frío pero no lo note y entró por allí.
No dormía, solo pensaba apenas recostada en el borde de la cama. Desde aquel día no nos separamos definitivamente.
Es una paradoja, pero así es, me acompaña.

- De veras querés que me quede? (dijo una vez)
- No lo sé (respondí), hoy no quiero estar sola, quedate.

Ella no me comprendía, le parecía contradictorio, pero no lo era para mí.
Ella tenía un nombre, verdaderamente triste, pero nombre al fin.

- Sabes que por mucho tiempo no podré quedarme. No quiero esto para vos. Solo vine a mostrarte tu valor. Aunque mi presencia te confunda.
Recordarás tu nombre, no es imposible, en esta vida todo puede ser alterable, excepto…

Me dejó sin palabras, desprendía un frío aura que se sentía en los huesos, sus palabras penetraban en mi como cuchillos filosos y el pecho se me comprimía dificultándome la respiración. Pero necesitaba escucharlo, necesitaba que esa noche estuviera ahí. Y ella lo sabía.
Viendo mi expresión no se animó a callar y dejar un peligroso hueco de silencio y continúo:

- Haremos esto, no voy a abandonarte pero no volveré a entrar por la ventana por más que la olvides abierta. De ahora en más, si deseo verte golpearé tú puerta y decidirás si quieres dejarme entrar. Si me necesitas, estaré aquí. Sólo de visita.
Ya es hora… Adiós.

miércoles, 1 de abril de 2009

Destreza


Creo que en lo complejo a veces sólo basta la habilidad y el arte de hacer las cosas.

Realmente no todo es como nos parece.


Fotografía: She said. -Una mañana en el norte Argentino-



miércoles, 11 de marzo de 2009

Arcos en la lluvia


Gotas de lluvia, como cristales, como pequeñas fracciones de vidrio…

Así somos? Sujetos capaces de refractar, reflejar y descomponer energía? Como prismas? Espectros?

No se si seremos espectros, pero sí estoy segura que espectros somos. O al menos por momentos...

Arcos en la lluvia, de vez en cuando aparecen en el techo de mi terraza.


Fotografía: She said.

domingo, 4 de enero de 2009

De que color?


Una de sus preguntas favoritas, mientras señala diversos objetos y aguarda impaciente la respuesta.
Buscamos un mundo de colores, vivos y brillantes. Buscamos orden entre la mezcolanza, buscamos un modelo en la imperfección, buscamos entender algo que ignoramos.
- No queremos pintar con negro! No hay lugar aquí para los grises! Queremos colores! Colores que brillen tan fuerte como su alma!
Enchastrados con pinturas jugamos a ser artistas, aquellos que expresan sus sentimientos más intensos y a la vez, quizás, desconocidos; que se dificultan para estructurar en palabras. Así es mas sencillo y divertido, no?
El muñequito “antimufa” por excelencia, reía con su pincel en mano, orgulloso de ser el centro de atención. En su salsa, por gozar de lo no permitido, se olvidó del manto gris que sus ojos transmiten y miles de risas, sin buscarlas, aparecieron entre los colores.
Que tal si observamos un poco más lo que a simple vista no se ve? A lo mejor podemos comprender que trata de decirnos, lo que grita en silencio.

jueves, 18 de diciembre de 2008

La chica de papel batik *

Mi nombre es Virdomel, y por ahora la llamaré la chica de papel batik.
Recuerdo que aquella tarde, un 23 de septiembre, tres cuadras antes de llegar adonde la calle de las cuatro costas cambia de nombre para convertirse en un guijarro, fui sustraído por el animoso arbitraje oficiado por ella, la chica de papel batik, en cuanto a proponer orden y desorden a su pendiente indómito y su salvaje cabellera de palisandro; con la inequívoca intención de, a los pocos metros, comenzar otra vez.
Sembrando huellas de color, rasgueando baldosas con su vestido largo, dobló en la calleja del tablao.

- ¡Me estás persiguiendo! espetó la chica de papel batik.
- No, señorita; faltaba más.

En realidad, para no asustarla, falté a la verdad.

La callecita del tablao se caracteriza por no tener veredas, así, el adoquinado, que siempre parece recién baldeado, abarca todo el ancho. Sus casitas bajas lucen multicolor como si las yemas de la humedad se hubieran ocupado en mezclar tonalidades en el tiempo: Ora escogió pinturas de moradores de cualquier tiempo, ora el sedimento ladrilloso que su cómplice la lluvia arrojó desde tejas y desagües, ora la decoloración de enamoradas del muro, ora explosiones de moho entre inexpertos revoques, ora extensas ramas lagrimeando emociones de nostálgicas golondrinas.

- Sí, vos me estás persiguiendo –reiteró la chica de papel batik.

Yo iba a no menos de treinta, cuarenta metros respecto de ella; la calle solitaria permitía que la oyese con claridad y su voz llegara sin quiebres; sin embargo, la holgada soledumbre me erigía malentretenido y fisgón.
Y su vestido, ¡qué vestido!; es probable, aún no lo sé, que la conjunción del viento con la iluminación de ésa hora, vertiera en dirección a mí el increíble efecto que su vestido se fuera deshilachando, disipando, y al mismo tiempo reconstituyendo, rehaciendo. Fantástico vestido, arrebolado e inquieto, cartografiado por capilares bermellón rociado con brillantina de plata.

Al increparme, con su justa razón y sin rasgos de zozobra, el indómito aro se deslizó por entre las arrugas del vestido de esa mamushka de papel batik; me acerqué rápido para alcanzárselo; no rehusó ni se asustó; agradezco a Dios por ello; al abrir su mano dije: Mi nombre es Virdomel, ¿el tuyo?; creí escuchar algo así como She said.
Tras un complaciente gesto desapareció en el pasillo de una casa.
Acomodé mi almohadoncito frente a la puerta; de una ventana, oblonga y con plantitas en su alféizar, el visillo se movió casi de modo imperceptible; acepté el roce de miradas, no eran sólo de la chica de papel batik; simulé distracción con unos zorzales en puntas de pie, vi también sombreadas las puntas de las rejas en la parte superior de la ventana; de repente, ésta se abrió, sí, era la chica de papel batik, quien con determinaciòn expresó:
¡Aprende a ver luz, procura hacerla parte de vos; irrádiala, Virdomel, es recopado!
¡Caramba! –dije dentro de mí.
Oí que un caballero la llamó por su nombre; su verdadero nombre, el que figuraba en la mayólica del pasillo: “Shesaidbutshesays”.


* Este es uno de los capítulos de SAVIADURIA, escritos que cuentan las interesantes travesías de un mendigo, Virdomel, acompañado por su fiel almohadoncito. Su autor? Walter D. Tejada Campos. Un gran amigo y por sobretodo una gran persona. Espero lo disfruten...